viernes, 5 de octubre de 2007

ella lo vio todo


Habría ido a por agua a la fuente. Seguramente. Frente al Palacio de las Comunicaciones, al pie de una escultura sin nombre, surgía un generoso surtidor. Ella se inclinó sobre la pila. En su fondo se adivinaba un bulto. Parecía una sombra sin cuerpo. Y en realidad era todo lo contrario; un cuerpo sin sombra que alguien había preferido ahogar a los pies de la diosa de la Tierra. Ella lo miró espantada. Pensó que si daba parte tendría que pasar la tarde en comisaría. Así que se incorporó. Miró a su derecha. Allí descansaba su cubeta; la que había llevado para recoger el agua de la fuente. Sin mirar a los lados la tomó por el asa, la hundió en la pila, la llenó de agua y sin más alboroto se dio media vuelta. De todas formas, poco se podía hacer por el difunto. Cuando llegó a casa repartió el agua en dos baldes; uno para lavarse, el otro para cocinar. En su mente no dejaba de darle vueltas a la imagen del cuerpo hundido en el agua de la fuente, en el centro de la ciudad.
Puso la radio. Nadie decía nada sobre un muerto encontrado a los pies de la Cibeles. No había voces voces en el patio, ni comentarios en las calles. O nadie lo había descubierto, o a nadie importaba. Sólo respondía el silencio. Silencio frente al Palacio que dicen de las Comunicaciones.

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