
Bergamín, Buñuel y Dalí decían de él que era el padre extraliterario, el verdadero incitador del surrealismo… el amigo. Y Bello, bellísimo, con su pelo blanco en paz, recordaba aún con 103 robustos años sobre los hombros el día en el que el director de la Residencia le pidió que acogiera en su habitación a un tal Federico, despistado con los plazos de inscripción.
Cuando mataron a aquel despistado que escribía, según Pepín, con una manta sobre las rodillas, empeñado concienzudamente en el siguiente verso, Bello recibió una carta de la bailarina argentinita del ballet de Lorca, que en clave, desde París, confirmaba la muerte: “efectivamente, se han vendido todos los solares”.
Hoy, Pepín, los solares han quedado ya desiertos… o llenos de palabras…
No hay comentarios:
Publicar un comentario