Se miran a sí mismos. Se auscultan, se palpan, se tocan y acarician. Se adornan y decoran. Se pasan y repasan. Son su tema de conversación preferido, el referente de sus propias palabras, los protagonistas de todos sus cuentos.
Ombligos que duermen a la espera. Aguardan un segundo de atención para alzarse en guías, en hilo conductor, en motor de todas las iniciativas. Ombligos que acaparan, como imanes, las miradas más cautivas, las más inexpertas y hasta las más ilustradas.
Luego hay adanes y también hay evas. Son los menos. Carecen de ombligo. Y todo huye de ellos como la luz escapa de la noche.
1 comentario:
Redondos socavones en el centro del cuerpomundi, restos de rotura de una antigua cañería, baches al descubierto, obras inacabadas…Alguno perdido en las sábanas, objeto de mis caricias al despertar, diana de furtivas miradas lascivas, cueva en la que un beso siempre suena a cien y cien invitan a seguir besando…
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