domingo, 16 de marzo de 2008

La muerte de Alicia


Ya no se atraviesan espejos. Al menos, no como los de antes. Espejos de aquellos que escondían una puerta trasera a un mundo mágico, desconocido; a un laberinto de un fauno; o a un banquete en el que los comensales celebraban un no-cumpleaños con un gato de cheshire encaramado a la rama de un árbol.
Ahora, en cambio, se navega. El mundo al otro lado del espejo se esconde detrás de una pantalla de ordenador. La magia son bits, son bytes, giga-todo, o mega-nada.
A lo mejor lo único que ha desaparecido es el carácter excepcional del viaje a través del espejo, al ponerse al alcance de todos, al ponerse a golpe de click.
Todos somos Alicia.
Luego, ya nadie lo es.

1 comentario:

Anónimo dijo...

A veces, cuando te miro, me veo en el espejo. Me veo en tu ojo izquierdo, luego en el derecho. Salto de ojo en ojo. En uno me veo azul. En el otro, rojo. Y de tanto mirar "virojo", entro en un mundo en el que de la ropa me despojo. Y en fin, aquí te pillo, aquí te cojo…